Imprescindible Oporto, Oporto, Portugal

Imprescindibles Porto II

Hoy continúo con los imprescindibles de Oporto, que con los de la publicación anterior, nos dan una buena idea de lo más interesante que podemos ver en la ciudad durante un par de días.

Como ya comenté, la lista de “pendientes” evidentemente existe, pero eso quedará para otros viajes y futuras publicaciones. ¡Seguimos!

 

Crucero por los seis puentes del río Duero

Arquitectura y naturaleza se funden con maestría en este pequeño tour de casi una hora de duración. Conocer de primera mano la historia de la ciudad, su crecimiento comercial a lo largo de los años y esas obras de ingeniería que la unen con Vila Nova de Gaia bajo la atenta mirada de las gaviotas que sobrevuelan el Douro, le convierten en una de las visitas más recomendadas en la ciudad. Atractivo para todas las edades,  nos permite descansar de las empinadas calles durante un rato mientras cruzamos los seis puentes. El puente de Arrábida, el de Don Luis I, el del Infante Enrique, el de María Pía, el de São João y el de Freixo, cada uno responde a las exigencias de su tiempo. En algunos casos, verdaderas obras de arte en metal, en otros la funcionalidad del hormigón, cada uno de ellos con sus propias características y peculiaridades pero todos símbolo del progreso de la ciudad. Destaca el puente de María Pía, obra del célebre Gustave Eiffel, con su titulo de Patrimonio Mundial, pero sobre todos ellos, el puente de Don Luis I, símbolo de la ciudad y el más aclamado y famoso de todo el tour.

Esta excursión ha recuperado y hecho pervivir el uso del rabelo, la embarcación que permite este trayecto y que antiguamente se utilizaba para transportar las barricas del vino de Oporto desde el Alto Duero a las bodegas de Vila Nova de Gaia.

 

Iglesias do Carmo y das Carmelitas

Dos iglesias separadas por un pequeño edificio de menos de dos metros de ancho. La primera en construirse fue la Iglesia das Carmelitas de principios del siglo XVII. Pertenece a la Orden de los Carmelitas Descalzos. Exteriormente presenta una fachada de hormigón dividida en tres cuerpos. El inferior cuenta con tres arcos de acceso al templo. Un cuerpo superior con amplios ventanales y las figuras de Nuestra Señora del Monte Carmelo, Santo Domingo y Santa Teresa y un frontón que remata el conjunto en su parte superior. Lo más llamativo es el campanario con cúpula en forma de bulbo cubierto de azulejos típicos en blanco y azul.

Interiormente sigue la estructura de cruz latina de una sola nave con capillas laterales de decoración dorada.

Iglesias das Carmelitas (izq) e Iglesia do Carmo (derecha)
Iglesia das Carmelitas (izq) e Iglesia do Carmo (dcha)

Por su parte, la Iglesia do Carmo es de mediados del siglo XVIII y su autor es José de Figueireido Seixas. La fachada principal es de granito y sorprende por su decoración rococó y sus dos pisos rematados por un frontón donde se pueden ver a los Evangelistas.

El interior expone hermosos retablos también rococó en dorado y destacan la bóveda y el altar mayor.

De principios del siglo XX, los azulejos del lateral representan la Imposición del Escapulario en el Monte Carmelo, toda una delicia para los turistas.

Entre estas dos iglesias, un edificio de menos de dos metros de ancho las separa. Las leyes de la época impedían construir dos edificios religiosos juntos, pared con pared. Por esta razón se ideó construir una pequeña casa que las separase. En un primer momento, al estar frente a ambas iglesias, pasa totalmente inadvertido este hecho, pero si nos fijamos adecuadamente, vemos que dos ventanitas aparecen. Igual que en un primer momento no reparamos en dos iglesias sino en una. Sólo a través de una mirada más profunda nos percatamos que ni siquiera las fachadas tienen el mismo estilo. No obstante, es un dato muy curioso que merece la pena conocer.

 

La rua de Santa Catarina y la Capela das Almas

Una de las calles más transitadas y conocidas de Oporto, es el lugar perfecto para ir de compras, pues alberga todas las cadenas de ropa, un centro comercial y todo tipo de restaurantes y cafeterías. Destaca el Café Majestic, con su entrada siempre repleta de curiosos y gente haciendo cola para tomar un café. Su interior es de lo más lujoso y elegante y su café está a la altura de las circunstancias, al menos su precio.

Además de toda esta oferta de ocio, nos topamos con una de las iglesias más queridas y especiales de la ciudad: la Capela das Almas.

Capela das Almas
Capela das Almas

De estilo neoclásico, no deja indiferente a nadie por su decoración exterior, ya que está recubierta por miles de azulejos azules y blancos (correspondientes al primer tercio del siglo XX y dedicados a San Francisco de Asís y Santa Catalina). Por miles de azulejos me refiero a más de 15.000. Impresionante, ¿verdad?

 

Estação de São Bento 

Otra de las visitas obligadas, aunque no necesites un tren para desplazarte ni llegues a Oporto con él. Merece la pena detenerse y entrar a ver la magnífica colección de casi 20.000 azulejos que cubren todo el vestíbulo, obra de Jorge Colaço.

Su construcción vino determinada por el impulso del transporte, y aunque se inauguró en 1916 ya funcionaba desde 1896. Se construyó sobre el antiguo Convento de São Bento del Ave María, desaparecido tras un incendio.

Los azulejos, de nuevo en azul y blanco, vienen a mostrar escenas importantes y de lo más variadas de la historia de la ciudad y del país.

El techo, en blanco, cuenta con relieves y los nombres de los dos ríos más importantes de la zona: el Minho y el Douro, uno en cada extremo.

Vestíbulo de la Estación de San Benito
Vestíbulo de la Estación de San Benito

IMG_20180813_134734

 

Callejear para perderse entre azulejos

Mires donde mires siempre podrás encontrar azulejos de lo más variados. En primer lugar, podría decir que destacan en este sentido los azulejos de la estación de San Benito (São Bento), la Capella das Almas en la rua Santa Catarina y las iglesias del Carmen y de los Carmelitas o la iglesia de San Ildefonso.

Su uso se debió, además de a sus ricas posibilidades estéticas, a su capacidad de conservación e impermeabilidad. Los primeros ejemplos artesanos muestran vivos azules y amarillos y su origen en Portugal viene de la imitación del clásico azulejo andaluz. A partir del siglo XVIII, los diseños estaban mucho más trabajados para recuperar ese esplendor anterior, que se perdió cuando se pasó a su industrialización y se dijo adiós a ese trabajo artesanal. Una forma de compensar y volver a la espectacularidad fue ese cambio de diseño, del que se valió para recrear escenas en los exteriores de fachadas, iglesias…  Ya en este momento, azul y blanco fueron protagonistas indiscutibles, de influencia china y sinónimo del buen gusto, se asimilaron y ligaron a la tradición portuguesa.

 

¡Hasta aquí hemos llegado! ¿Cuáles son vuestros sitios preferidos de Oporto?