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Siguiendo los pasos del Cid

Cuando eres burgalés, desde muy pequeño sientes una total empatía hacia ese héroe castellano cuya estatua ves cada día al pasar por el centro de la ciudad. Ya en el colegio te enseñan el Cantar, se realizan trabajos bajo su título y lo terminas teniendo como algo muy tuyo, algo que llevas con orgullo y de lo que hablas con mucho cariño. Incluso te emociona cuando al llegar a otra ciudad ves una calle con su nombre, un restaurante o una estatua.

Fue tan importante su hazaña que hasta tiene un camino con su nombre que recorre la península desde Burgos hasta el Mediterráneo recorriendo varias provincias e incluso capitales, pero cuyo valor humano radica en los pequeños pueblos acostumbrados a acoger a los andantes durante su Camino y del que ya prepararé otra publicación. Hoy quiero centrarme en la ciudad de Burgos, que rinde homenaje a este héroe en distintos puntos y que nos permite incluso descubrir la ciudad de una forma totalmente distinta y con sitios que igual de otra forma no encontraríamos o que seguramente pasaríamos por alto.

La ruta comienza en el Solar del Cid, junto al Arco de San Martín y muy cerca del Castillo.

Se trata de un monumento que se construyó en el año 1784, obra de José Cortés, y compuesto por tres monolitos donde se supone que estuvo la casa del Cid. No debemos olvidar que respecto al Cid su historia se mezcla con su leyenda y a veces es complicado hacerse con la verdad total, por lo que no existe un consenso sobre la veracidad del lugar donde estuvo su casa.

Este solar, de libre visita, contiene como decía tres monolitos con los escudos de Burgos, el escudo del Monasterio de San Pedro de Cardeña (propietarios del solar y vinculados a la historia del Cid Campeador) y en medio de ambos una leyenda conmemorativa con el blasón del Cid que reza En este sitio tuvo su casa y nació el año de 1026 Rodrigo Díaz de Vivar, llamado el Cid Campeador. Murió en Valencia en 1099 y fue trasladado su cuerpo al monasterio de San Pedro de Cardeña, cerca de esta ciudad, la que para perpetuar la memoria de tan esclarecido solar de un hijo suyo y héroe burgalés, erigió sobre las antiguas ruinas este monumento en el año 1784, reinando Carlos III”.

Actualmente, aunque se conservan los tres monolitos, el solar está levantado pues se han encontrado evidencias que apuntan que había probablemente dos casas, pero ni se ha confirmado ni desmentido que fuese la casa del Cid y se sigue con las excavaciones de este lugar, que se prolongarán aún durante unos años más.

Antes de abandonar este solar, parad a mirar el arco de San Martín pues en su interior, en el lado izquierdo, existe una hendidura que, según se dice, correspondía con la longitud de la temida Tizona, la espada más famosa del Cid.

El siguiente punto de esta ruta es la Iglesia de Santa Águeda o Santa Gadea, actualmente iglesia gótica construida sobre una anterior románica, donde el Cid hizo jurar al rey Alfonso VI que no había formado parte de la muerte de su hermano Sancho II, gran amigo del Cid. Una placa recuerda este suceso diciendo: “En esta iglesia de Santa Águeda prestó el rey Alfonso VI ante el Cid Campeador su famoso juramento”.

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Podéis deteneros a observar el interior de esta iglesia pues es uno de los básicos de la ciudad, junto con el resto de iglesias góticas de Burgos. Recordad que abre sólo en horario de culto por la mañana y por la tarde. En su interior, nos encontramos una única nave cubierta por bóveda de crucería con pilastras, enterramientos renacentistas y un retablo del siglo XX en alabastro y estilo neogótico, obra del burgalés Fortunato Sotillo.

El siguiente punto en nuestra visita es la Catedral de Burgos, bajando por la calle de Santa Águeda. Esta joya gótica custodia los restos del Cid y su esposa doña Jimena desde 1921, trasladados desde el Monasterio de San Pedro de Cardeña (aunque estuvieron en más sitios de la ciudad hasta su emplazamiento definitivo). Situados frente al altar mayor y bajo el cimborrio, se puede leer en la sepultura un epitafio que dice: “Rodrigo Díaz, Campeador muerto en Valencia el año 1099, A todos alcanza honra, por el que en buena hora nació. Jimena, su esposa, hija de Diego, conde de Oviedo, nacida de estirpe real.”

En el Claustro de la Catedral también nos encontramos dos elementos muy reconocidos en su historia. El primero de ellos es la Carta de Arras de su matrimonio que data de 1074 en la que, según la tradición de la época, Rodrigo Díaz le cede en concepto de arras una larga lista de bienes. El otro objeto que podemos encontrar en la Capilla del Corpus Christi, también en el claustro, es el Cofre del Cid. Recuerda uno de los pasajes del Cantar, en el que el Cid visitó a los judías Raquel y Vidas y les ofreció un cofre lleno de joyas a cambio de dinero líquido para emprender su destierro a cambio de no abrirlo hasta pasado un año. Ellos pensaron que el valor del contenido del cofre era mucho mayor a la cantidad líquida y aceptaron, si bien sólo encontraron el cofre lleno de piedras y arena. ¡Un castigo por la codicia! Podéis ver aquí cómo es el cofre y ya dejaros llevar por los misterios de la catedral.

El siguiente punto de nuestra ruta corresponde con el Arco de Santa María, situado junto a la Catedral y puerta de entrada a la ciudad. Este imponente arco cuenta en su fachada con una estatua del Cid, pero en este momento nos interesa visitar su interior. En la Sala de Poridad o del Secreto podemos ver interesantes elementos relacionados con su historia. Además de las pinturas murales que representan a este caballero y la reproducción de la Tizona, lo que más llama la atención de todos es ese hueso del brazo izquierdo, el radio, del Cid, donado al Ayuntamiento de Burgos en 1930, y el documento que garantiza su autenticidad.

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Es momento de cruzar el río que vertebra toda la ciudad, el Arlanzón. A mano izquierda, la Glera, un monolito que recuerda el pasaje del Cofre del Cid y el destierro al que fue sometido tras hacer jugar al rey Alfonso VI. Es el lugar donde el Cid y sus caballeros hicieron noche (extramuros) antes de su partida al destierro.

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Nos acercamos ahora al Museo de Burgos, en la calle Miranda, que destaca en general por su colección arqueológica y por su ubicación en dos palacios renacentistas. En él, encontramos la Tizona, la famosa espada del Cid, de 78,5 cms de altura del siglo XI. Dos inscripciones en ella dicen: “io soi tisona fue fecha en la era de mile cuarenta” y “ave maria gratia plena dominus tecum”. Sin duda, este es uno de los reclamos del museo de la ciudad.

Desde aquí, volvemos al centro histórico por la calle San Pablo hasta el puente del mismo nombre. Encontramos la “Vía Cidiana”, con ocho esculturas de personajes relacionados con el Cid Campeador, familiares y amigos del héroe: Doña Jimena, esposa del Cid; el Abad San Sisebuto, abad de San Pedro de Cardeña y protector del Cid; Ben Galbón, señor de Molina, amigo del Cid que escoltó a doña Jimena hasta Valencia; Don Jerónimo, monje cluniacense y obispo de Valencia desde 1097; Diego Rodríguez, el único hijo varón del Cid; Martín Antolínez, desterrado con el Cid y fiel compañero; Martín Muñoz, portugués también desterrado con él y quien le ayudó con la conquista de Valencia; y por último, Álvar Fáñez, su sobrino y, además, el mejor capitán de Alfonso VI.

Ahora ya partimos hacia la estatua que comenté al inicio de esta publicación: la estatua del Cid, junto al Teatro Principal. Esculpida en bronce por Juan Cristóbal y el arquitecto Fernando Chueca Goitia, fue inaugurada en 1955. Apunta hacia el destierro con gran dinamismo. Dos inscripciones a ambos lados del pedestal que soporta la estatua, y sacadas de crónicas de la época, nos dicen:

“El Campeador, llevando consigo siempre la victoria; fue por su nunca fallida clarividencia, por la prudente firmeza de su carácter y por su heroica bravura, un milagro de los grandes milagros del Creador.” Cronista árabe Ibn Bassán.

“Año 1099: En España, dentro de Valencia, murió el conde Rodrigo Díaz de Vivar y su muerte causó el más grande duelo de la cristiandad y gozo grande entre sus enemigos.” Cronicón de los monjes de Poitou.

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Aquí acaba esta ruta del Camino del Cid en la ciudad, descubriendo lugares fascinantes del héroe más importante de la ciudad. Podéis completar la visita con el Monasterio de San Pedro de Cardeña, de estilo cisterciense, a unos 10 kms de la ciudad, lugar donde se enterraron sus restos y que conserva los sepulcros.

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