Aveiro, Costa Nova, Portugal

Azulejos, casas de colores y ovos moles. Aveiro.

Aveiro es una pequeña ciudad de Portugal conocida como la Venecia portuguesa, un lugar con encanto que merece la pena visitar con calma. Está situada en el tercio norte del país y es famosa tanto por sus canales como por su dulce típico: los ovos moles.

Lo reconozco. El viaje a Aveiro fue por error. Cuando planifiqué las vacaciones de agosto a Oporto se nos quedaba un poco corto hacer sólo un viaje de cuatro días en todo el verano. Me dejé llevar por las ofertas de Buscounchollo.com y vi que estaba la opción de bajar hasta Aveiro y Costa Nova. Instagram, mucho antes de esto, me “dijo” que en Aveiro había una preciosísima calle repleta de paraguas colgados de distintos colores que me encantó y cuya foto mantenía en mis “guardados” de esta red social. Pensé, ¿y por qué no aprovechamos para verlo? Mi gozo en un pozo cuando, ya de vacaciones y a punto de bajar hasta Aveiro, me di cuenta de que esos “famosos” paraguas no estaban en esta ciudad, sino en Águeda, más o menos a media hora en coche (pero perteneciente al distrito de Aveiro).

Desde luego me quité la espinita de los paraguas yendo primero a Águeda, pero he de confesaros que Aveiro me encantó. Quizá sea uno de esos lugares que no vuelva a visitar ya que el mundo es demasiado grande, lo reconozco, pero echando la vista atrás, doy gracias por aquel error porque descubrimos un lugar con mucho encanto.

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Aveiro es una localidad pequeña que bien puede visitarse en un día, dos si quieres aprovechar para ir a la playa de Costa Nova (como hicimos nosotros) y que está a menos de diez minutos en coche.

Nada más llegar a Aveiro aparcamos cerca del Hotel Meliá Ria, en una especie de descampado de tierra, totalmente gratuito y muy cerca del centro y decidimos recorrer todo andando porque las distancias allí son muy cortas, y así te olvidas de buscar aparcamiento, algo sinceramente complicado en el centro.

Lo primero que hicimos fue encontrar una cafetería porque nosotros somos mucho de café y aprovechamos para probar los ovos moles, el dulce típico de la ciudad, que viene a ser como una especie de yema recubierta con pan de ángel y que tiene forma de huevo. A los que seáis muy golosos seguro que os gusta porque es pura concentración de azúcar. Al resto no puedo prometeros que os guste.

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Nuestra excursión por la ciudad comenzó recorriendo el canal. No hicimos el trayecto en barco moliceiro porque en Porto ya hicimos un trayecto similar con el crucero por los seis puentes del Duero y somos más de caminar y callejear, aunque los canales de esta pequeña Venecia portuguesa estaban repletos de barcas yendo y viniendo, quizás hasta masificado.

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Uno de los puentes nos sorprendió pues había miles de lazos escritos con nombres y fechas que decoraban su barandilla por ambos lados. Se trataba del Puente de la Amistad o Ponte Laços de Amizade. Os podéis imaginar el espectáculo que suponía que hubiese un poco de viento levantándolos. Había tal concentración de gente que resultaba un poco complicado sacar una foto digna pero aun así era muy bonito, y más con el espectáculo que había montado un muchacho con su guitarra.

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Lo dicho, recorrimos canal abajo descubriendo miles de casitas de pequeña altura y variados colores hasta llegar a la oficina de turismo para conseguir un mapa (quiero recalcar eso de un mapa, porque se negaron a darnos dos jajaja). Muy cerca, ya sabíamos qué zona era la que debíamos visitar sólo con ver la cantidad de gente que había. Se trataba de la calle que se dirigía hacia iglesia de la Vera Cruz. Esta calle peatonal nos recibió con un precioso trampantojo, una tienda de discos donde sonaban fados y terrazas repletas de turistas, sobre todo españoles, para qué nos vamos a engañar.

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Tras echar las fotografías de rigor y teniendo siempre como referencia el canal, decidimos recorrer las callejuelas de aquella zona. Vimos multitud de azulejos y street art de lo más variopintos, que ya os mostré en el otro post. Volvimos hacia el canal para cruzarlo y dirigirnos en dirección a la catedral de Aveiro. Este camino nos llevó poco más de diez minutos y de camino pudimos ver cómo la gente iba desapareciendo. La zona de la catedral estaba totalmente desierta y, aunque el edificio era curioso de ver por la mezcla de estilos, no dejaba de ser una iglesia grande. Me sorprendió que nadie excepto nosotros y un par de feligreses estuviesen por ahí.

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En Aveiro, lo que me quedó claro es que todo el turismo tanto de ocio como de cultura se centra en el canal, los azulejos, las pequeñas iglesias escondidas y museos junto al canal y las fachadas.

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Tras visitar la ciudad, decidimos bajar a Costa Nova a ver las casitas de franjas de colores y las dunas. Como comenté arriba, el trayecto en coche no superó los diez minutos aunque había un poco de tráfico pero me permitió ver a mano derecha las salinas.

Costa Nova podría decir que está dividida en dos: la propia zona de Costa Nova y la zona de Barra. En Costa Nova pudimos ver desperdigadas estas casitas costeras. Yo os invito a que os perdáis buscando porque, os aseguro, que ni yo las vi todas y eso que echamos un rato por allí, pero siempre ves a algún conocido o amigo que estuvo también y te enseña fotos de casas que no encontraste. Es gracioso ver como los turistas vamos en busca y captura de la casa más bonita para instagram. Merece la pena callejear un rato porque parece de cuento.

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La zona de la playa se separa de la zona residencial de Costa Nova gracias a las dunas, que se pueden recorrer a través de larguísimas pasarelas que van en distintas direcciones. Fue precioso ver esa arena blanca en contraste con un mar tan bravío (y con el agua tan fría…). Subiendo se llega a la Praia de Barra, la otra zona que os comentaba. Lo más interesante de esa zona es su faro, el Faro da Barra. Es el más alto de Portugal y uno de los más grandes de Europa, situado justo donde la ría de Aveiro desemboca en el mar. Se puede visitar de forma gratuita y subir los más de doscientos escalones hasta la parte alta.

En general y tras mi experiencia, recomiendo esta visita a Aveiro y Costa Nova si os pilla de camino a otra ciudad más grande. No es un lugar en el que estar más de dos días, pero sí un sitio que merece la pena conocer por su encanto.

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¿Alguien en la sala conoce Aveiro? ¿Compartís mi opinión? Soy toda oídos… u ojos 🙂 si os ha gustado este post, no dudéis en compartirlo porque no hay nada más bonito que hacer que la sabiduría fluya de unos a otros. ¡Hasta el próximo post!